Mi nombre es Anke y tengo 33 años. Desde el 2013 soy una madre orgullosa de una hija. Antes de que la tuviera era militar y ejercí como tal durante 5 años, durante los cuales fui a dos misiones diferentes. Una de ellas fue ir a Bosnia y la otra a Iraq. A partir del 2006 abandoné el equipo militar y desde entonces he tenido varios trabajos. Pararelamente, he tenido diferentes hobbies que hago con gran pasión como es escribir y hacer ejercicio. Escribo libros y columnas y, además corro y hago culturismo.

Con las axilas mojadas y el sudor corriendo por mi frente, me encuentro de pie resoplando. Parece que mi rutina diaria de correr es ir corriendo detrás de mi hija. Correr deprisa a través del supermercado cogiendo los productos de los estantes que considero necesarios. La mayoría de estos productos son elegidos basados en lo saludables que son, pero al final algunos dulces como el chocolate terminan en el carrito de la compra. Ya que al tener una nena pequeña, estoy más tentada a coger algún que otro snack de los estantes. Algunas veces lo comemos juntas, otras me las arreglo para mantenerme alejada de ellos.

Desde que estuve embarazada he intentado no pasar de una mujer sexy a una morsa. Pero hay que decir que definitivamente mi vida ha cambiado después de tener a mi hija. Antes solía hacer ejercicio diariamente, ahora estoy contenta si tengo tiempo para ir al gimnasio 3 veces por semana. Suena perfecto ir al gimnasio por las noches, pero la verdad es que estoy bastante contenta cuando caigo en el sofá después de dormir a la peque. De esta manera mi vida continúa cambiando poco a poco. Esto no significa que me importe menos el deporte o la nutrición, todavía es muy importante para mí.

El año pasado hasta decidí participar en una competición de culturismo. Siempre había sido un sueño: encontrarme en un podio con un cuerpo físico completamente tonificado y bien entrenado. Sé que suena como algo bastante simple, pero no lo es en absoluto. Mi vida se basaba en comer, entrenar y posar. Cada día podías encontrarme en el gimnasio y durante casi 4 meses sólo comí pescado, brócoli y pepino. Afortunadamente tengo un marido dulce, buenos amigos y una familia que me ha apoyado y ayudado con mi hija, por lo que podía ir al gimnasio para entrenar.

Después de meses de duros entrenamientos y grandes esfuerzos mi momento en el podio había llegado y puedo decir que estaba brillando en el escenario. Después de mi momento de fama llegué a la conclusión de que necesitaba un cambio de estilo de vida, que el que estaba llevando ya no era tan valioso para mí. Después de la competición estuve pensando “¿Si ahora de repente muriera querría que mi última comida fuera pescado y brócoli? De hecho la respuesta a esa pregunta fue que no. Me gustaría más llegar a las puertas del cielo habiendo comido uno de mis platos favoritos. Echaba de menos salir con mis amigos e ir a tomar algo con ellos y, también, acudir a cenas espontaneas. Estaba claro que no podía hacer ese tipo de cosas cuando estaba en una dieta tan estricta como la que realizaba.

Por lo tanto, decidí abandonar el culturismo y seguir mi propio camino. Las imágenes que veía en el mundo del Fitness y sus revistas especializadas ya no eran importantes para mí. Ahora ya se lo que cuesta conseguir un cuerpo así. Creedme cuando digo que no se mantiene un cuerpo así cuando se abandonan los entrenamientos duros y las dietas estrictas. Hoy en día mi tableta de chocolate no es ninguna novedad, ahora sólo hago Bootcamp 3 veces a la semana y corro diariamente detrás de mi hija en el supermercado. Todavía tengo cuidado con lo que como y como cualquier otra persona tengo mis propias porciones de snacks no tan saludables o rápidos y fáciles de encontrar y comer. Eso sí la parte de rápidos y fáciles de encontrar y comer no tienen por qué ser malos o poco saludable hoy en día, ¡prueba por ejemplo los productos Futricio, tu alternativa saludable!